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Dúplex para tres

Dúplex

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Jueves, 09 de febrero de 2006

El comienzo

Ley Universal: el último que llega no elige. Supongo que por eso tengo la habitación más pequeña. Hubiera podido presumir de ser un caballero, podría habérmelas dado de haber accedido muy cortésmente a quedarme con la pequeña habitación decorada con papel de ositos azules, pero no es el caso. Quién llega el último no elige. Y punto.

De todas maneras debo estar agradecido a mis compis por pintar mi habitación el fin de semana antes de mudarnos aquí. Incluso aunque los colores rosa y granate (o malva y cerezo, que queda más chic) no sean del todo de mi agrado, incluso aunque se les acabara la pintura e hicieran extrañas mezclas para tapar las zonas donde no llegó el color del resto de la pared…; incluso aunque una pared se quedara sin pintar (con el papel de ositos arrancado, eso sí). Muy agradecido, de verdad.

El jueves 1 de diciembre debía ser nuestro primer día en el dúplex, así que pedimos permiso al arrendatario para llevar nuestras cosas el fin de semana anterior para tener todo listo desde el primer día y no esperar al siguiente fin de semana.

Alquilamos una furgoneta. El Sábado lo dedicamos a trasladar las cosas de las chicas que por primera vez en la historia de la humanidad ocupaban menos espacio que las mías. Yo, que genéticamente soy miembro masculino de nuestra especie y por tanto genéticamente optimizado para no expandir mi naturaleza por las maletas ante cualquier cambio temporal o definitivo de domicilio (a diferencia de la versión femenina, genéticamente predispuesta, como todo el mundo sabe, a desafiar al destino y sus imprevistos luchando contra cualquier posible eventualidad en el viaje a base de kilos y kilos de equipaje), debo decir en mi defensa que provengo de otra aventura en piso de alquiler compartido de la que fui acumulando un sinfín de enseres inútiles que ahora me tocaba trasladar. Necesitaba toda la furgona para mi solito todo un día.

Por eso el domingo era Mi Día. Todo mi universo almacenado en mi anterior microzulo, que algún arquitecto hijodeputa se atrevió a llamar habitación, iba a ser transportado a otra ciudad, a otro universo mucho más amplio y sin agujeros negros. La ilusión de vivir en ese dúplex me hacía imaginar subiendo los peldaños mientras danzaba triunfalmente, haciendo piruetas con la cama en una mano, el armario en la otra, las mesita de noche y la mesa del ordenador girando a mi alrededor, y toda mi ropa desfilando ordenadamente detrás de mi…. Era maravilloso, iba a ser un traslado genial a un lugar genial con una compañía genial.

Sábado por la noche. Debido a unos inconscientes que decidieron circular en sentido contrario, la furgoneta se queda “no operativa” indefinidamente…



Dos meses de baja, espalda y cervicales jodidas y un traslado lento, un goteo incesante de trastos que pesaban poco y que fueron aumentando su tamaño y su peso según me iba encontrando mejor. Y esa pared sin pintar se ha convertido en un pequeño mural fruto del tiempo libre que da el no tener que ir a trabajar.




Y por hoy ya vale. Pronto más.

Por: Jafatron | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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