Ciento treinta metros cuadrados, dos preciosas compañeras, un cachorro con pedigrí y yo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Jueves, 09 de marzo de 2006
Rosa ayer tuvo un mal día, de esos malos, malos, y por la noche estuvo de bajón. Me explicaba sus motivos y yo la escuchaba, como siempre hago, intentado aportar un cambio de perspectiva que es lo único que se me ocurre hacer en estos casos. Ante los días negros lo mejor es eso, el cambio de perspectiva para intentar ver un poco de luz desde otro punto de vista, aunque sea luz reflejada. Perdonen ustedes pero yo ya me entiendo.
Al final me pidió un abrazo y así, con su cabeza junto a la mía, se echó a llorar. Me mantuve en silencio porque sabía perfectamente que sobraban las palabras. El efecto tranquilizador, analgésico y descongestionador de emociones que produce el abrazo de alguien que sabes que te quiere es lo único que se necesita cuando notas que esas emociones rebosan.
Les diré algo. Lo que yo quiero a esta chica no está escrito.
Para que lo entiendan mejor les explicaré una bonita historia, que no es más que parte de mi historia.
Rosa, mi querida compañera de piso, y yo fuimos pareja durante algo más de once años. Durante ese tiempo los dos crecimos, evolucionamos y avanzamos juntos siendo mutuamente, yo para ella al igual que ella para mí, pilares básicos en nuestro recorrido por la vida. Recordad esto que os diré porque os puede ser útil en algún momento: es tremendamente difícil darse cuenta de que no estás enamorado de una persona cuando la quieres tanto y significa tanto para ti. Pero los dos vimos la luz.
Y así las cosas decidimos que no tenía sentido continuar como si estuviéramos unidos sentimentalmente cuando la realidad de esos sentimientos que nos unían nos impulsaba precisamente a estar separados. ¿Muy enrevesado? Lo volveré a intentar…
No queríamos malgastar nuestras vidas en una relación cuyo único motor de propulsión fuera el cariño. Los dos necesitábamos más. Y nos fuimos a buscarlo por separado.
Ufff!!! Difícil, ¿verdad? No sé si ustedes lo entenderán. Quédense con esta idea a modo de conclusión, ese cariño sigue existiendo y ambos empezamos un nuevo recorrido.
Hace unos tres meses se nos presentó la ocasión de compartir piso, junto con otra amiga, Eva, a la que también tengo mucho cariño. Y Coco, como olvidarme de él!! Está siendo una experiencia muy dulce.
Debo decirles que dicho así todo esto parece muy simple de llevar y nada problemático. Ciertamente lo es, pero ustedes, estimados lectores anónimos, tienen la ventaja de conocer la historia a través de mi explicación. Piensen que a la gente le parece muy extraño después de vernos juntos durante tantos años que podamos llevarnos tan bien, tenernos tanto cariño y saber separar todo eso de lo demás. Y supongo que con razón, admito que no es común que dos personas vivan juntas después de haberse separado.
En fin, hasta que no lo ven no se lo creen. Así que, amigos desconocidos, créanselo ustedes aunque aún no lo hayan visto y asómense a esta ventanita siempre que quieran.
Por: Jafatron | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
y ¿por qué no nos lo debíamos creer? Cosas más raras se han visto. No obstante, este tipo de relaciones no se dan normalmente quizás porque cuando uno acaba una relación es por algún tinte que lo oscurece todo y, todo, es también lo bueno que hubo.
Cada vez creo menos en el hombre y actitudes como la tuya me ayudan a sobrellevarlo.
un saludo
Vailima | 12-03-2006 01:11:41
Ay Vailima, no dejes de creer en el hombre por estas cosas. Recuerda que todas las historias, incluso las más trágicas, han podido inspirar obras muy hermosas. Qué sería de nuestra especie sin los celos, el odio, el rencor... Eso sí, hay que procurar que estas cosas las sufran los demás (... olvidaba el egoísmo).
Jafatron | 13-03-2006 10:27:53