Ciento treinta metros cuadrados, dos preciosas compañeras, un cachorro con pedigrí y yo.
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Jueves, 30 de marzo de 2006
Cuando compartes piso pueden surgir muchas disputas por diversos motivos, pero las más frecuentes siempre se originan por las tareas del hogar. Afortunadamente en este dúplex hemos sabido llevar este tema sin necesidad de imponer normas o colgar cuadrantes semanales para repartir la faena, únicamente hemos aplicado el sentido común. A excepción de Coco, que solo come y caga, el resto además de eso también limpiamos.
La nevera, otro de los temas conflictivos, tampoco nos da problemas, cada uno compra lo suyo (excepto la leche, Eva y yo nos alternamos en la compra de Semidesnatada y Rosa prefiere Desnatada) y nadie se enfada si echas mano de una lata de atún ajena si tu menú lo requiere.
Pero mi vida no siempre fue tan sencilla. Antes de llegar aquí estuve siete meses conviviendo con dos policías. Eran dos chicos muy ordenados, siempre dejaban la mierda en el mismo sitio. Debido a este extraño sentido del orden la basura se acumulaba creando en el piso una especie de “efecto vertedero”.
Una de las ventajas de vivir con policías es que nunca discutía con ellos. Mi talante conciliador, mi carácter tranquilo, mi paciencia ilimitada y el hecho de ser el único que no tenía un arma de fuego, suavizaban enormemente las relaciones.
Cuando me instalé allí ellos llevaban un año juntos. Al finalizar la primera semana decidí que tenía que hacer algo para reconducir aquella situación. Después de pedir consejo a Justina me puse manos a la obra.
Así, a lo largo de los cinco primeros meses utilicé sin éxito diversas estrategias: desde intentar generar un cargo de conciencia a base de limpiar mucho (apelando a sentimientos de culpabilidad, vergüenza y pena) hasta la (casi) siempre efectiva “divide y vencerás” que consistía en implicar a uno de ellos en mis acciones de limpieza, invitándole a ayudarme, organizando las tareas diarias para los dos y supervisando la consecución de objetivos. Mi intención era inculcar cierta rutina de limpieza en el más joven (y el más manejable, no por joven, sino por manejable simplemente) y como consecuencia que el otro arrimara el hombro porque claro, ¿quién no se avergonzaría de ser el único que no hace nada?
Pues ni rutina, ni mala conciencia, ni vergüenza ni nada, allí el único gilipollas que limpiaba era yo. Tal vez su entrenamiento en la academia les había hecho inmunes a cualquier tipo de guerra psicológica (y bacteriana también, eso era evidente).
Sin duda, la estrategia que peor resultados me dio y que peores consecuencias tuvo fue la que bauticé con el nombre en clave de “Para cojones los míos” o también el más descriptivo “Que se ahoguen en su propia mierda”. Durante una semana solo entré en el piso para dormir. El despertar del octavo día me confirmó una realidad espantosa, todas mis estrategias habían derivado en una reducción de los ya de por sí escasos hábitos que tenían. Me encontré acumuladas ocho bolsas de basura en la cocina y tantas botellas de agua vacías como para hacer una réplica en plástico del Guggenheim. Además, me gasté un dineral comiendo fuera.
Recuerdo perfectamente la noche en la que decidí abandonar mi lucha y hundirme en la resignación. Fue después de ver juntos (cosa poco frecuente) el dvd de “Ong Bak”. Justo al acabar la película dieron un salto del sofá y entre gritos de “… el ataque del elefante cabreado…” y cosas así comenzó entre ellos un intercambio de patadas y puñetazos. Esa noche me di cuenta que no tenía nada que hacer, cualquier intento por comprender su psicología resultaría inútil porque, obviamente, estaban en un plano superior. Concretamente un palmo de mierda por encima de mí, y para algunos esa es una distancia insalvable.
En fin, eso ya pasó. Ahora, por comparación con lo vivido, cuando recojo las cacas de Coco me invade una tremenda alegría. Es curioso… las cosas tan extrañas que le pueden hacer a uno feliz.
Por cierto, ayer me encontré una gallega en el piso. No digo nada más sobre este tema.
Por: Jafatron | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Para mi que el secreto está en Coco, que eso de que solo sabe comer y cagar es una tapadera... ;-)
Acabamos de aterrizar de la migración ¿será la definitiva?
Saludos
Charles de Batz | 31-03-2006 19:03:22
Estupendo el post y sobre todo esta frase : "Eran dos chicos muy ordenados, siempre dejaban la mierda en el mismo sitio". La verdad que me estas enganchando con tus historias tan vividamente contadas :).
ladydark | 01-04-2006 01:42:35
Ciertamente, ladydark, Jafatron tiene un no sé qué en la mano que hace que cualquier historia resulte mágica.
Jafatron, me reitero en mi opinión de Coco: ¡dios, qué ser tan astuto e inteligente! Considero, al igual que Charles, que en tu perro hay gato encerrado.
Enhorabuena a los dos por haber vuelto a casa. Os deseo lo mejor. Os echábamos de menos, aunque como le dije a Charles, siempre tendréis las puertas abiertas en mi casa para colgar lo que queráis, que para eso somos vecinos hospitalarios.
un saludo a los tres y que paséis un buen fin de semana.
ah, yo también he tenido una semana movidita, gracias a los tres por vuestro apoyo. un abrazo
Vailima | 01-04-2006 15:33:40
Charles, espero que el nuevo servidor tenga buenos cimientos y realmente sea la última migración. Me irrita tanto no poder entrar en casa como no poder visitar a mis ilustres vecinos.
Vailima, Charles y tú tenéis razón, Coco juega astutamente su baza canina y se hace el tonto siempre que puede. Pero su mirada lo delata, yo lo sé y él sabe que lo sé, el problema es cómo desenmascararlo ante mis compañeras. Me han dado gato por liebre con el perro, yo pedí uno tonto...
Ladydark, tú adicción es una dosis de motivación para mí y me anima aún más a seguir escribiendo historias para que vosotros encontréis la magia que yo soy incapaz de ver.
Gracias a los tres!!
Jafatron | 01-04-2006 20:18:19