Ciento treinta metros cuadrados, dos preciosas compañeras, un cachorro con pedigrí y yo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Miércoles, 05 de abril de 2006
La proximidad de la Semana Santa me ha hecho recordar algo. En esos días del año pasado me fui con unos amigos y algunos conocidos a una casa rural en Berga. Éramos, contando hombres, mujeres y solteros, unos 12 o 13.
El primer día estábamos todos en el salón dejando pasar el rato entre conversaciones y meros intercambios de palabras (que no es lo mismo, aunque lo parezca), entregados al relax campestre, cuando alguien se percató que se nos echaba encima la hora de comer y no habíamos preparado nada. Segundos después de este comentario se produjo una división en el conjunto que me resultó de lo más curiosa: las mujeres desfilaron graciosamente a la cocina y los hombres permanecieron inmóviles en el sofá.
Quizá lo que me llamó más la atención no fue tanto el hecho en si (que tristemente se observa en muchas parejas “jóvenes”) sino la complicidad que todo el mundo mostró con esto, ese acuerdo tácito que todos aceptaron de buen grado. Todos menos yo. Lo siento, tal vez por la educación que he recibido, no sé, pero no estaba dispuesto a asumir un rol predeterminado que no va conmigo por el simple hecho de que los demás asumieran con gusto el suyo.
Así que me dirigí a la cocina e intenté hacerme un hueco. No voy a presumir de gran cocinero porque no lo soy, pero me desenvuelvo bien en la cocina (cocinar, además de ser una obligación diaria para mí, me gusta y me relaja).
Cada vez que intentaba introducirme por allí en medio me sonreían tiernamente, “ay, qué mono, qué amable, si viene a echar una mano” y me colocaban algún objeto en las manos para que lo llevara a la mesa como recompensa a mis buenas e inútiles intenciones. Manda huevos, yo iba en plan chef colaborativo y me convertían en vulgar sherpa de comedor… Al final desistí y me limité a preparar la mesa.
Esta estúpida escena se repitió durante los cuatro días y me gané la fama de buen partido sin tener que enseñar mi nómina ni demostrar nada en la cama. En fin, cada uno utiliza los baremos que quiere.
Y es que es muy fácil abandonarse a los tópicos, y escapar de ellos resulta difícil si los demás los asumen con tanta naturalidad e imposible si además les conviene asumirlos. En este dúplex se han asumido varios (creo que por conveniencia de mis compañeras) y por este motivo enumero:
-Limpié el filtro de la lavadora cuando se llenó de agua.
-Hice un simple empalme en el enchufe anulado de la pared cuando compraron una preciosa lámpara en Los Encantes para el rincón.
-Coloqué la cortina del baño.
-Programé el termostato para disfrutar de la calefacción en determinadas franjas horarias.
-Como la caldera no anda muy fina me encargo de subirle la presión cada dos semanas.
-Colgué los cuadros de París de Eva.
-Interconecté todo el tinglado televisión-dvd-equipo de música.
-Colgué unas estanterías, un plafón y monté la cajonera de Rosa.
-Cambié la conexión del botón del lavavajillas cuando éste dejó de funcionar.
Por supuesto, ni menciono todo lo relacionado con el ordenador. Siendo hombre e informático, no hay dios que me librase de eso.
Esta mañana se ha descolgado una puerta de un armario de la cocina. Uno de los tornillos se ha aflojado y simplemente hay que volverla a colocar y apretar…
Supongo que adivinarán a quien le tocará colocarla…. ¿quién es el macho de la casa?
-Coco
Vale, vale, pero… ¿quién es el hombre de la casa?
No me molesta tener que hacer todas esas cosas. Sin embargo resulta curioso el enfoque de algunas personas para evaluar tus capacidades, especialmente si estás “en el mercado”. Resulta que todo lo mencionado antes no cuenta para nada. Es decir, ya te puedes deslomar haciendo pequeñas joyas dignas de bricomanía que hasta que no entres en la cocina y cojas una cacerola no serás un buen partido.
Esto me lleva a una tonta reflexión. Según el criterio de mucha gente si quieres ser un buen partido tienes que hacer todo aquello que se supone hacen los hombres más algunas cosas que se supone hacen las mujeres, lo que me parece un criterio bastante injusto aunque no sea el mío. De hecho, no solo no lo comparto sino que procuro torpedearlo siempre que se me presenta la ocasión.
En algunas cenas, haciendo alusión a estas tareas propias de mi condición masculina, alguien añade “…y además sabe cocinar”. Así que cuando veo que alguna fémina se extraña y se asombra por esto, le digo “sí, y también plancho, tiendo, lavo los platos y paso la mopa, porque cuando yo nací dios quiso ahorrarse un cuerpo de mujer así que me implantó dos cerebros, uno masculino y otro femenino. No soy más inteligente pero sé hacer un montón de tareas del hogar”. Y me quedo tan pancho ¿No quieren tópicos? pues ala, ración de machismo.
Pasen un buen día.
NOTA: No creo equivocarme si afirmo que para todos los que visitamos La Divina Comedia con devoción hoy ha sido un día de cierta tristeza y preocupación. Vailima se ha ganado todo el respeto y el cariño que este medio tan impersonal permite. Por eso, desde mi humilde espacio, me gustaría desearle lo mejor en aquello que la ha hecho retirarse temporalmente de la blogosfera, sea lo que sea. De todo corazón.
Por: Jafatron | General | Comentarios (7) | Referencias (0)
Bueno, bueno,... muy interesante lo que cuentas; pero empecemos por el principio. ¿"Hombres, mujeres y solteros"?,digo yo que por lo menos serán humanos, ¿no?...
Esto me recuerda cuando en cierta ocasión, leyendo en el periódico la sipnosis de diferentes películas que echaban en el cine, me encontre con una, de supuesto terror y ambientada en la atricherada Primera Guerra Mundial, en la que se decía del monstruo que se dedicaba a despedazar a sus víctimas, que no era "ni humano ni alemán"; vamos que yo no se que tenía el que había escrito eso en contra de los alemanes, pero pienso que tampoco era cosa de promover militancias desde la sección de ocio de un periódico. :-))
Al hacer este divertido juego de palabras, me ha venido a la cabeza este recuerdo. Muy bueno.
Veo que comparto contigo ese espíritu, como diríamos por aquí, "cocinillas": me encanta cocinar, disfruto haciéndolo, y además es una de las cosas que más me relaja. Así que ya somos dos.
Aunque para mi fortuna, no soy un caso raro en mi entorno, pues es común en esta tierra mía que sea "el" quién cocine y se encarge de muchas de las labores de la casa, sí que conozco el efecto "vayapartidoqueereshijo", que en más de una ocasión ha llegado a mis oidos tanto por parte de mi señora, como por la de amigas, conocidas, etc...
De cualquier manera, pienso que no se trata de una cuestión de inteligencia, conocimientos, edad, sexo o cualquier otra cosa; sino de predisposición: de si estás acostumbrado a que te lo hagan o te lo tienes que hacer tú... Así que en muchas ocasiones es mejor hacerse el amnésico, decir eso de "Dios mío, no recuerdo como se abre la nevera", y dejar que los demás descubran el maravilloso mundo del "haztelo tu mismo".
Con respecto a lo de nuestra apreciada amiga Vailima, no puedo sino suscribir una por una las palabras que tu le dedicas.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 05-04-2006 20:01:43
Desgraciadamente ese tipo de actitudes (las mujeres a sus labores, los hombres a ver el partido en la tele)estan extendidas hasta límites que hoy por hoy deberían de parecernos vergonzosos. Casos como el que describes los he vivido casi siempre a mi alrededor en situaciones parejas. Lo más inquietante del caso, por lo menos a nivel personal, es que yo misma me he visto metida en esa dinámica ("Anda trae la camisa que la planche yo, llevas una hora con una manga", "Deja ya termino yo de recoger la cocina", etc...). La única solución es educar desde otro punto de vista, el de la valoración personal, independientemente de sexo (en este caso concreto, aunque por supuesto es extensible a cualquier discriminación). Yo intento corregirlo, pero he de confesaros que cuesta dejar atrás costumbres tan arraigadas.
Y para terminar... ¡Qué buen partido sois!:)(el subconsciente me delata).
Hoy tengo la sensación de que apartir de mañana tendré un pequeño hueco afectivo sin Vailima, espero que muy pronto vuelva a rebosar de colorido.
ladydark | 05-04-2006 23:59:23
Entiendo lo que dices,
siendo mujer estoy muy a favor de tu planteamiento,
lo triste del caso es que muchas mujeres se quejan del machismo de los hombres, y en muchos casos son ellas las que lo toleran y haciendo esas labores se sienten mejor.
Yo creo que todas esas labores tanto las que haces tu en tu casa por el hecho de ser chico, también las podrían hacer ellas, pero como bien tú dices esperan que el hombre de la casa las haga y cuando un chico hace las labores de una chica ,entre comillas, es un sol.
yo soy de las que piensa que no existen labores ni de chica ,ni de chico, si no unicamente son normas de convivencia.
Ojala muchos chicos y chicas pensaran como tú y todo en el mundo funcinaría mejor sin normas machistas unicamente aprendiendo a convivir que es de lo que se trata.
un saludo
eltrastillo | 06-04-2006 09:33:20
Charles, Ladydark, Trastillo,
Supongo que el problema es que todos nosotros (una amplia franja generacional) somos ese punto de inflexión en el cambio de actitudes, la frontera entre lo anterior y lo nuevo, y como cualquier límite estamos en contacto con los dos lados. Por eso nos parece hasta cierto punto normal ver cualquiera de las dos posturas, la que hemos mamado en nuestras casas (más clásica, más machista) y la que intentamos implantar en nuestra sociedad de hoy.
Charles, comprendo perfectamente que seas un "cocinillas" porque comparto contigo los placeres derivados de serlo. Pero fíjate, este término que también utilizo para mí delata la existencia de esas diferencias que comentaba. No hay mujeres "cocinillas".
Ladydark, es fácil caer en esa dinámica, a todos nos ha pasado en algún momento, en mayor o menor grado. Yo mismo caigo en ella al ocuparme de todas esas tareas que he enumerado en el post. Sin darnos cuenta fomentamos estas actitudes diferenciales porque no nos importa planchar o colgar una puerta en un momento dado, librando al otro/a de hacerlo.
En fin, cada uno que viva como mejor le plazca, que tolere aquello que quiera y que asuma el rol que le de la gana. Eso sí, no podemos dejar de criticar duramente que a día de hoy la gente se extrañe de ver ciertas cosas que deberian ser normales.
No debería sorprendernos ver a un hombre planchar y a una mujer arreglando un enchufe. Es un poco triste que alguien alabe tus aptitudes por eso.
Un saludo a todos y gracias por aportar vuestro punto de vista personal.
Jafatron | 06-04-2006 10:41:26
¿Cómo que no hay mujeres cocinillas?, las hay del mismo modo que hay hombres. Creo que es un término que se emplea para ambos casos, por lo menos así lo he visto yo hacer siempre...
Independientemente de todo esto, creo que tienes toda la razón, y que se trata más de una cuestión de actitud que de aptitud, aunque muchos disfracen a la primera como si se tratara de la segunda.
Un saludo y, como siempre, un placer pasarse por aquí
Charles de Batz | 06-04-2006 13:10:19
Charles, tal vez tengas razón, es posible que se emplee "cocinillas" para ambos casos por igual, aunque a mí siempre me ha parecido que se utilizaba con más frecuencia en los hombres y que en el caso de las mujeres era un reutilización del término.
Quiero decir que si vemos a una mujer cocinando nos parece bastante normal pero si vemos a un hombre cocinando nos viene a la mente esa palabrita con mayor facilidad. Bueno, es una apreciación personal.
Jafatron | 06-04-2006 13:28:37
De cualquier manera, cualquier cosa antes de que a uno le llamen "McGiver" -como también me ha pasado-, cada vez que desface un entuerto doméstico. ;-)
Charles de Batz | 06-04-2006 17:03:34