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Miércoles, 19 de abril de 2006

Crónica del viaje – Parte I: Impresiones Generales



Amigos lectores, ya estoy de vuelta. Se acabaron los días de fiesta y relax entregado completamente al placer egoísta de sentirme feliz olvidando que existía mundo más allá de dónde alcanzaban mis pasos. Durante unos días no ha habido más realidad que aquella que podían palpar mis manos y saborear mis sentidos. Ahora todo es recuerdo, pero tan cercano y tan intenso que me parece mentira estar aquí. En fin… comencemos esta crónica que he divido en cómodas y ligeras dosis para no aburrirles en demasía (seguro que tendrán mejores cosas que hacer aunque por amabilidad no lo admitan).

Cuando uno se va de viaje existe un ceremonial común a la mayoría de los mortales que consiste en dar señales de vida tan pronto llegas a tu destino, tanto a la ida como a la vuelta. En mi caso esto no suele suceder. Soy un despiste, lo reconozco, no suelo caer en esos detalles, así que en este viaje decidí esforzarme más y por eso lo primero que hice nada más aterrizar de vuelta en Barcelona fue ir a casa de mis padres a decirles que había estado en Ámsterdam... Tengo que mejorar, lo sé y sé que lo puedo hacer mejor. Pero también sé que puedo no hacerlo y tampoco pasaría nada porque en casa ya me conocen y están acostumbrados a esta carencia de información o a recibirla desfasada en el tiempo. Como dice mi madre, soy un “despegao y no tengo vergüenza”, aunque en realidad tengo mucha.

Sin embargo, algo de razón tiene mi madre porque se habrán fijado ustedes que cuando uno se va de viaje suele ir cargado de equipaje y ligero de vergüenza. ¿Alguien sabe por qué la vergüenza no viaja? ¿se queda atrapada en el detector de metales? ¿las compañías aéreas te la absorben porque todas ellas son unas sinvergüenzas? De todos es conocido que cuando pisas suelo extranjero te invade inmediatamente un resquicio de ese espíritu conquistador que todos tenemos y una especie de valentía que cubre a modo de velo todo el aire de estúpido turista que uno lleva de serie cuando arrastra una maleta. Todo esto deriva en una pérdida apreciable de la vergüenza (propia y ajena). Y es que el sentido del ridículo es patriota puesto que solo se manifiesta de forma natural cuando compartes nacionalidad con los habitantes del lugar. Pero en el momento de cruzar fronteras desaparece casi por completo (y con mucha más facilidad si lo ahogas en cerveza, todo sea dicho).

Es el síndrome del guiri-turista, aquel personaje que viaja en grupo, que sale a la calle con camisetas de algún equipo de fútbol y piensa que Europa es una gran barra de bar. Seguro que los habrán visto ustedes en cualquier ciudad que tenga algo de vida nocturna.

Pues pensaba yo que en Ámsterdam abundarían estos guiri-turistas, creía que la combinación turista+drogas+alcohol+drogasotravez sería algo que se palparía de inmediato por las calles. Me imaginaba caminar entre hordas de guiri-turistas saliendo de los Coffee Shops dando gritos, saltos, empujones que provocan más empujones y cánticos incomprensibles que hieren tanto al oído como a la propia pertenencia a la raza humana. Pero no, me equivocaba, este tema está muy bien controlado. De hecho, diría que está muy autocontrolado porque apenas se ven policías por la noche en el barrio con más sex-shops, coffee-shops y garitos varios de la ciudad (donde nos alojamos), así como tampoco en el barrio Rojo, que está justo a continuación.

Lo cierto es que sorprende la sensación de seguridad que se respira en la ciudad y el riguroso respeto de los extranjeros por las normas locales. Uno no puede evitar preguntarse qué estamos haciendo mal en España para que esos mismos grupos que te cruzas civilizadamente en Ámsterdam luego vengan a nuestras costas y beban sin conocimiento para acabar rompiendo toda clase de material urbano. Es para meditar…

Ámsterdam también se caracteriza por ser una ciudad completamente plana y por ese motivo los nativos del lugar y los turistas que se hacen pasar por nativos circulan en bicicleta. Hay pocos coches y muchos tranvías. Debes prestar mucha atención al cruzar porque te puede llevar por delante cualquier tipo de vehículo. Yo me acojonaba cada vez que notaba estar pisando un rail sin darme cuenta y miraba compulsivamente a los lados mientras gritaba “mierda, mierda, mierda…”.

Lo curioso es que apenas se escuchas bocinas de coches. A los pobres conductores se les cruzan bicicletas, tranvías y peatones, pero nada, en cuatro días no escuché nada. Para alguien como yo, acostumbrado al estrés y las prisas de las grandes ciudades, eso es algo que notas al momento. Desde luego viven a otro ritmo.



Pero lo tengo que decir… Las bicicletas son feas de cojones!!! Un país con tanta tradición ciclista es imperdonable que prácticamente solo se vea un modelo. De apariencia simple y mecanismo sencillo, casi arcaico, parece una bici de los años 60. Sería un modelo bonito si fuera la excepción pero no para ser la norma.

La ciudad es preciosa pero la comida no está a la altura. Aunque puedes comer bien durante cuatro días (y aquí “bien” se asemeja más a “dignamente”) te vas de allí con la sensación de que comen fatal. Sobre todo por la escasez de variedad en las cartas que te encuentras por ahí. Para comer lo que comen los nativos en una ciudad turística lo mejor es irte a las afueras, lejos del centro turístico donde todos los garitos están dirigidos a gente que, como tú, está de visita. Por el centro abundaba la comida rápida, muchos locales que servían porciones de pizzas, bocadillos, donuts y crêpes, e infinidad de restaurantes supuestamente argentinos y mexicanos (su oferta se limitaba a grandes pedazos de carne en los primeros y cosas con mucho picante en los segundos).

Estos sitios te sacan de un apaño pero no resulta beneficioso para el cuerpo comer siempre así. Además, uno busca un poco la autenticidad de los locales, ver cómo y qué comen los del lugar, por eso lo mejor es huir de cualquier centro de masas. Aún así, la cosa tampoco mejoró mucho. También sorprende que una zona tan cercana al mar apenas tenga oferta de pescado, casi no aparece en las cartas. Y por supuesto, de vinos ni puta idea, vamos. Yo no soy un entendido pero distingo bien a los que entienden menos que yo. El mejor que nos pusieron fue un vino valenciano cuya mayor virtud, según rezaba en su etiqueta, era “…ser ideal como acompañamiento en picnics y barbacoas…”. Sin comentarios.

La ciudad es preciosa. Como muestra les dejo esta hermosa foto y mañana les cuento más y con más detalle.



Sean buenos.

Por: Jafatron | General | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Lo que no entiendo, Jafatron, es cómo no te contratan esos del Lonely Planet para sus docus: seguro que ganarían en autenticidad y aquellos que no nos reímos con eso de la "naturalidad anglosajona frente al mundo" encontraríamos más gracia en esa actitud de Rompetechos del despiste, que creo yo, compartimos todos un poco contigo.

Lo de las bicis debe ser alucinante, algo parecido me vino a la cabeza cuando estuve por allá: me recordaban a las BH de cuando era crío; vamos tecnología punta del pedaleo!.

Lo que resulta kafkiano es lo de la comida -y la bebida, por supuesto-, deberían cerrar todos los accesos al país hasta que se solucionara eso, que es caldo de cultivo para los BigMcDo...

Me alegro de verte de regreso y aún más que lo hagas con ganas de contarnos cosas.

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 19-04-2006 20:22:43

Un placer volver a leer tus impresiones (ando desde hace tres días abriendo tu bitácora por si había novedades, en plan un poco "desesperada" - me estoy enganchando a unos cuantos blogs, el tuyo, el de Charles, Vere y Herri, ...-). Lo primero que me alegro por esos días de relax merecido. Lo segundo...¿por qué todos nos fijamos en las bicis arcaicas? Tiene que existir alguna respuesta coherente, ¿qué para moverse por su ciudad no necesitan tropecientos platos y nosecuantos piñones?. No entiendo nada de bicicletas, desde que era niña no he vuelto a subir a ninguna, total que me quedé en el modelo BH molón.
Lo tercero y por no extenderme, benditas fotos que me traen tan buenos recuerdos.
Besos y bienvenido.
Ah, ¿de verás perdemos la verguenza? Mi sentido del ridículo creo que aumenta cuando estoy en un pais en que debo de usar una lengua distinta que la materna para poder realizar los actos más cotidianos (comer, desplazarme, comprar)

ladydark | 19-04-2006 21:07:35

Te he leido con mucho gusto, haces una descripción muy fresca del viaje. Estoy contigo en que lo que más llama la atención de la ciudad es el contacto como agua y aceite de dos mundos aparentemente distintos; a dos calles de del barrio rojo con sus macarras patibularios, están las casas burguesas y tan agradables con sus ventanas abiertas también como escaparates. Espero la continuación. Bienvenido

Vere | 19-04-2006 23:34:31

Bienvenido Jafatron, se echaba de menos la dosis diaria del Dúplex...
Viajar y perderse. Incluso, a veces, abandonarse y perder la vergüenza. Como un despojarse de sí mismo hasta que volvemos a casa y entonces nos queda la memoria de lo vivido. Tio Petros siempre hace un diario de viaje donde a través de imágenes y palabras uno congela unos días de su vida. Es bueno, es sano. Gracias por compartir con nosotros el tuyo.
Un saludete

Vailima | 20-04-2006 08:21:33

bonita descripción de tu viaje, nunca he estado en amsterdam pero ahora me hago una idea de lo que habrá por alli.
cuando viajamos al extranjero creo que todos esperamos una comida que nos llame la atención,yo estuve en alemania y terminé hasta las narices de comer cerdo y pizza, pero bueno todo tiene su encanto,normalmente europa tiene unos paisajes preciosos y eso si, muy limpios.
Me alegro de que lo hayas pasado bien, yo he vuelto un poco baga pero en breves relataré un poco de mi viaje.
un saludo

eltrastillo | 20-04-2006 09:54:28

Amigos, es un placer comprobar que siguen aquí, a pie de blog, y con ganas de leer.

Me alegra comprobar que no he sido el único que se ha fijado en esas horribles bicis.

Charles, totalmente de acuerdo en cerrar el país hasta que aprendan a cocinar, aquello no es normal. De continuar así tendrán un serio problema de salud pública en el futuro.

Ladydark, cuando sales al extranjero una de las frases típicas que más se repite y que se aplica a casi caulquier situación es: "...si aquí nadie me conoce...". Eso da pie a que seas capaz de afrontar cualquier situación (y hacer cualquier burrada) con mayor soltura que si se produjera aquí en España. Lo curioso es que tampoco te conocen en Burgos (por decir algo) y sin embargo el sentido del ridículo se hace más presente en territorio nacional.

Vere, aunque existe separación la transición entre barrios es muy suave, apenas la notas si vas paseando tranquilamente (de día claro, de noche se aprecia mejor la diferencia). Espero mantener la frescura en las próximas entregas.

Vailima, es cierto que en los viajes a veces, como tú bien dices, "te despojas de tí mismo". Es como quedarte con la esencia de lo que quieres ser en esos días y dejar el resto de ti, tu yo diario, esperando en el aeropuerto. La desconexión es total y te renueva por dentro y por fuera mucho mejor que una tonelada de Bifidus de esos.
Tio Petros hace muy bien, la memoria fotográfica acompañada de palabras te permite revivir sensaciones, no solo evocar recuerdos. Nuestro amigo Charles es un experto en estas cuestiones, como ya ha demostrado en su blog.

Trastillo, tengo curiosidad por saber dónde te llevó tu forgoneta finalmente, estaré pendiente de ese relato. La cuestión de la comida en el extranjero... tal vez estemos mal acostumbrados aquí. Normalmente cuando te desplazas a otra región del país, sea cual sea, sabes que vas a comer bien (o al menos que puedes hacerlo). Aunque tampoco tenemos que generalizar, hay países con una buena cocina.

Jafatron | 20-04-2006 12:44:05

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