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Viernes, 28 de abril de 2006

Parte III: El resto...

En la mañana del segundo día me levanté el primero por esa manía mía de madrugar. Decidí darme una vuelta por la ciudad para darles tiempo a los demás a cumplir con su ciclo de sueño. Pensé en llevarme un mapa y la guía pero preferí descubrir la ciudad a pelo. Salí a la calle y comencé a caminar para alejarme del centro, me apetecía descubrir cómo despertaba la ciudad en barrios más auténticos, lejos de esa capa de falsedad que cubre los lugares más turísticos, lejos de ese escenario artificial que montan los comercios para nosotros los turistas, y lejos también de esos locales que anunciaban con grandes letras “English Breakfast” (no entiendo como alguien puede desayunar con hamburguesas).

Pronto mis pasos, más ligeros por la libertad de andar sin ese ritmo pausado que imponen los grupos, me llevaron a calles donde los comercios locales con carteles en holandés sin traducir sustituían a tiendas de souvernirs, coffee shops, sex shops, fast foods y demás. Esto era otra cosa. Se percibía claramente que las escasas personas que me cruzaba no paseaban, estaban inmersas en sus rutinas, completamente ajenas a la actividad de lo que me parecía ahora esa otra ciudad montada exclusivamente para las visitas. De camino capturé esta imagen, tierno recuerdo de aquel nombre al que respondía en mi barrio cuando era pequeño. Evocar mi niñez en Ámsterdam, quien me lo iba a decir… Uno arrastra sus recuerdos allá donde va, es inevitable.



Desayuné en una cafetería pidiendo un capuchino y señalando una pasta (lenguaje internacional donde los haya). Saboreé ese placer que produce observar las costumbres ajenas desde dentro, como introduciéndome en una escena de un cuadro costumbrista y después regresé al apartamento. Hoy era día de museos.

Comenzamos con el museo del sexo que nos caía al lado, cruzando la calle, de camino a cualquier transporte. Nada a destacar, es un museo para turistas. Como era de esperar constaté que la humanidad no ha evolucionado tanto en cuestiones de sexo y a principios de siglo tenían menos tecnología pero la misma afición (y adicción) al sexo que nosotros. En una pequeña sala se alzaba amenazante este gigantesco miembro en perpetua erección, que formaba pareja con otro de iguales dimensiones, ambos rígidos y brillantes, como dos soldados montando guardia con sus relucientes armaduras en posición de arma-dura (y perdonen el chiste fácil). No sé si es porque no estoy acostumbrado a esta perspectiva pero a mí me da la sensación de que la curvatura de este pene está al revés.



La curiosidad humana nos empujaba a todos los que allí entrábamos a tocar semejante ejemplar, y pude observar que muchos, después de la primera palpación, incluso lo golpeaban con los nudillos, quizás para comprobar su rigidez, tal vez esperando respuesta de algún superespermatozoide… Viendo tanto manoseo no pude evitar preguntarme, en otra de mis absurdas disquisiciones, a quien le correspondería la tarea de sacar brillo a ese par de gemelos. De forma involuntaria mi mente se imaginó a una preciosa mujer deslizando delicadamente un paño húmedo por toda la superficie del megafalo y esto casi me produjo una erección. Y digo casi porque en cuanto fui consciente del hecho me esforcé por frenarlo. Las erecciones en público producen un extraño sentimiento de vergüenza semejante al del niño que se orina encima y se le supone ya mayor para estas cosas. En ese instante, quizás para aplacar ese sentimiento, me pregunté si debería sentirme avergonzado por tener una erección en un museo dedicado al sexo. Al fin y al cabo cuando uno visita un museo deja volar su imaginación con aquello que contempla. En fin, dejemos este tema que no creo que les interese mucho los excesos de imaginación de un soltero falto de realidad.

Decidimos comprar un bono de 24h para uno de esos barquitos que recorren los canales mientras una grabación te explica en diferentes idiomas curiosidades del recorrido. Eso sí, les recomiendo que intenten embarcar con muchos españoles, así evitarán lanzar miradas asesinas a su alrededor cada vez que comience la narración en español y el murmullo de todas aquellas personas que ya lo han escuchado en inglés o francés les impida captar más de tres palabras seguidas.

Primera parada, la casa de Ana Frank. Al ver aquella cola interminable daban ganas de tirar gente al canal para acelerar nuestro avance, pero como buenos humanos no lo hicimos y pasamos a formar parte de ella. Hay pocas cosas más absurdas que esperar dar un paso detrás de una persona que espera al de delante que a su vez espera a otro que también espera, sumando elementos a esta sucesión de absurdos hasta llegar a la entrada. Intenté abstraerme en mi mundo, que también tiene mucho de absurdo pero es mío y lo tolero mejor, y revisé las fotos que había hecho hasta el momento, y ese momento lo captó una compañera.



Después de veinte minutos de inexplicable estancamiento preferimos abandonar la estática cola y probar suerte con el museo Van Gogh pero corrimos la misma suerte. Ingentes cantidades de personas esperaban ordenadamente en la calle. Lo mismo ocurrió en el Rijksmuseum y en el museo de Heineken, muy cercanos ambos.

Una breve deliberación en grupo y decidimos dejar las visitas a los museos para el lunes, que posiblemente habría menos gente de vacaciones (como así fue).

El resto del día no ocurrió nada que merezca la pena ser contado fuera de nuestro grupo, aunque a nosotros nos proporcionó muchas de esas anécdotas que perduran en la memoria colectiva y se recuerdan entre risas.

El despertar del tercer día fue prácticamente un calco al segundo. Otra vez a vestirse en la penumbra, deslizarse por el apartamento como un felino, pasear en solitario y desayunar a base de capuchino y pasta en algún rincón perdido. Hoy tocaba excursión en autocar, con guía, como los auténticos turistas de masas, en una visita relámpago a tres preciosos pueblos cercanos.

La excursión incluía la visita a una falsa fábrica de zuecos y un paseo a marchas forzadas viendo unos preciosos molinos en Zaanse-Schans.



La siguiente parada era una fábrica de quesos de atrezzo donde una chica disfrazada de típica pueblerina te explicaba en tres idiomas y a una velocidad que dejaría en evidencia al mismísimo Gran Wyoming el proceso de fabricación del queso. Tras la explicación se abría una puerta y accedías a un pequeño recinto-trampa donde podías comprar a un precio mucho más alto varios de sus productos que encontrabas fácilmente en cualquier supermercado o tienda especializada de Ámsterdam.

Seguimos nuestra excursión hasta Volendam. Aquí nos dieron un respiro porque teníamos que esperar un barco que nos llevaría al siguiente destino. Esto nos permitió pasear tranquilamente y pararnos a degustar algunos de sus productos marítimos.



Mis compañeros se sentaron a tomar una cerveza y yo decidí acercarme a las embarcaciones amarradas del puerto. El sonido del agua chocando contra las barcas y ese balanceo hipnótico y acompasado del conjunto siempre me ha resultado relajante. Acostumbrado a moverme sigilosamente por las mañanas pude captar la siguiente instantánea (que me encanta):



Subimos al barco y desembarcamos en Markem, donde el paseo se limitó al recorrido comprendido entre el embarcadero y el parking de buses, cruzando de paso el pueblo, muy bonito todo sea dicho.



Y de vuelta a Ámsterdam.

Durante los recorridos en autocar la guía explicaba cosillas en varios idiomas, entre ellos el español. Esta vez opté por concentrarme en la versión inglesa porque así notaba menos en sus explicaciones el tono desganado, casi de resignación, que lograba que perdieras el interés de inmediato. Hubo momentos que me dieron ganas de quitarle el micrófono y cantar Paquito el Chocolatero para animar un poco al personal. Por suerte mi sentido común me impide hacer la mayoría de las cosas que se me ocurren y puedo pasar casi siempre por una persona normal.

El cuarto día, como he dicho lo dedicamos a visitar museos, esta vez sin colas ni aglomeraciones de gente. No voy a agobiarles con estas explicaciones porque las visitas a los museos, a menos que te encuentres un pene de dos metros, son actos de observación y poco hay que explicar. Cada uno las disfruta según sus preferencias y no creo descubrirles nada detallando aquí las magníficas obras que pude ver. Sí les diré que tuvimos la suerte de contemplar en el museo Van Gogh una exposición dedicada a Rembrandt y Caravaggio (y hablando de penes, patrocinada por Rabobank, un banco holandés…).

Siento especial debilidad por Caravaggio y por eso me encantó poder contemplar algunas de sus obras. Es uno de esos pintores que consigue meterte en la escena, a veces incluso no como un simple observador sino que casi notas estar presente. Sientes estar cenando en Emaús al lado de Pedro o formar parte del grupo que se inclina a observar la llaga de Cristo Resucitado.

No les daré el tostón con mis pobres descripciones, pero les explico esto porque es frecuente este efecto de integración en la escena de un cuadro, no solo con Caravaggio, también con muchos otros pintores. Estoy seguro que ustedes lo habrán sentido igual que yo. Y ahora les lanzo una pregunta, ¿sería posible realizar el camino inverso? Acompáñenme en este pequeño viaje donde daremos un salto hacia atrás para salirnos de la imagen captada.

Observen esta foto, ya la conocen…



Aaaaalehooooopppppp!!!! un saltito para atrás y...




Venga, un ejemplo más y acabamos



Éeeeepaaaaleeeeee!!! vamos para atrás...



Quizás no les diga nada todo esto pero a mí me pareció divertido cuando reparé en este efecto al intercambiar las fotos con mis compañeros. Poder salirme de mi propio objetivo, de esa imagen capturada, quedar inmortalizado dentro de esa escena que yo mismo quise inmortalizar… Creo que es una bonita manera de acabar este relato. Espero haberles integrado de una forma amena dentro de esta visión personal del viaje a Ámsterdam.

Un abrazo a todos. Gracias por su paciencia.

Por: Jafatron | General | Comentarios (8) | Referencias (0)

Comentarios

Voy a empezar por el pene gigante que hoy es viernes. El aparato es descomunal, algo así como un pedazo de Goliat en toda su majestad. Terso, como una buena carne. Sin embargo, fíjate cómo son las cosas y cómo puede cambiar la impresión según quién sea el espectador. Debo reconocer que yo lo hubiera tocado, vamos, sin dudarlo y con cien personas delante. Lo hubiera contemplado desde todos los ángulos, incluso creo que me hubiera agachado pero mi imaginación no hubiera volado al par que la tuya. En lugar de ponerme "cachonda" (si me permites la expresión), estoy segura que tamaño tamaño hubiera hecho que mis piernas se cruzasen en cuestión de segundos. Como la reacción de una flor cerrando sus pétalos al contacto de una gota de rocío del tamaño del Amazonas.
Hay que reconocer que el falo es majestuoso como majestuosos son la base que lo sustentan. Pero no, un cruce de piernas a tiempo vale su peso en oro.
Se acaba de despertar mi hijo pequeño y yo aquí escribiendo sobre penes. Más tarde vuelvo...
un abrazote, Jafatron

Vailima | 28-04-2006 07:54:03

Primero muchisimas gracias Jafatron por el precioso documento que nos ofreces, completo y repleto, para todos los gustos. Estoy en el trabajo y nada más abrir tu cuaderno, da la "campanada" el curioso mega-artefacto, creo que mi fama de pervertida va subiendo enteros entre mis jefes y compañeros. Yo, como Vailima, luego sigo, sin miradas curiosas a mis gustos estéticos ...

ladydark | 28-04-2006 12:18:11

Hola jafatron, ahora si que me voy a amsterdam a ver ese museo, creo que me has convencido.
Reconozco que no soy de esas personas que le encanta visitar todo, estoy un poco de acuerdo contigo, en que hay que irse a los sitios menos turistas, para ver como es realmente la ciudad.
que pena que no pudieses entrar a la casa de ana frank, yo me leí el libro hace tiempo y podría ser una de las primeras visitas que haría si fuese allí.
Me ha gustado mucho tu viaje, en el fondo me siento como si yo tambien hubiese estado alli, gracias por regalarnos este viaje.
un saludo.

trasti | 28-04-2006 13:58:36

Trasti, me alegro que te haya gustado hasta el punto de despertar tus deseos de viajar hasta allí. Te recomiendo que lo hagas (a ti y a los demás), vale la pena conocer esta ciudad.

Sí que estuvimos en la casa de Ana Frank, aunque no quede reflejado en el genérico "visita a los museos". No deja de ser una casa museo... Y debo decir que me impresionó. Si consigues trasladarte a aquella época, imaginar cómo vivieron aquella situación llega a sobrecogerte.
Me impactó ver las típicas marcas que las madres hacen en la pared para dejar constancia de la evolución en el crecimiento de los niños, algo que también hacíamos en mi casa, precisamente en la puerta de mi habitación y de la que podría extraer una preciosa historia, que tal vez algún día sea parte de algún post, tiernos recuerdos de las conclusiones que sacaba aquel niño que fui analizados ahora por el irresponsable adulto en el que me he convertido...

Si puedes ir, intenta abstraerte de todas las personas que habrá a tu alrededor e imagina por un instante lo que allí se vivió. Tienes la historia y estás en el escenario, no te costará mucho.

Gracias por tu comentario.

Jafatron | 28-04-2006 14:24:34

Ahora si parece que tendré tiempo para leer la tercera parte de Amsterdam como se merece. Estabamos en los “mega-artefactos”, al hilo de tu confesión posterior, te diré que no me extraña nada, ya Platón en “El Banquete” nos decía por boca de Sócrates que Eros era hijo de Poros, el dios de los recursos y el ingenio (aquí póngase por ejemplo tu imaginación) y de Penia, la diosa de la pobreza y la carencia (y aquí póngase tu propia carencia, según dices que conste), e voilà , ya tenemos la “tensión” necesaria.
Fantásticos esos molinos, que nos trasladan a un mundo de sonrosadas mejillas y cofias blancas (a mi siempre me evocan esa imagen). Por cierto estupendo momento para elegir Ámsterdam, se celebran los 400 años de Rembrandt.
Me ha gustado especialmente la foto de la garza, es preciosa, y parece que este posando como modelo para tu cámara. Y por supuesto ese juego dentro-fuera de la imagen, es curioso que, sin buscarlo, a veces nos sucedan las cosas más memorables (que perduran en la memoria, independientemente de su importancia), y que además sólo seamos conscientes de ellas cuando ya han ocurrido y quedan en exclusiva para nuestro recuerdo.
Gracias Jafatron por seguir haciendo puzzles para los que te leemos.

ladydark | 28-04-2006 19:20:57

Me voy un par de días, aprovecho el cuaderno de Jafatron para deciros hasta luego y para pedirle a él, que nos tiene en ascuas con un piano en el ático y tres huéspedes en la casa, que nos cuente, que sea nuestra Scherezade. A la vuelta espero saber del piano (es lo que más me intriga, los complementos humanos ya son cosa común en el duplex). Besos.

ladydark | 29-04-2006 19:30:01

La historia del piano está casi lista pero hoy no creo poder publicar nada, me tienen acaparado el ordenador. Quizás trasnoche un poco y lo consiga...

Si no es así, tendréis que esperar, igual que yo... ¿A alguien le sobra un portátil con conexión inalámbrica?

Jafatron | 01-05-2006 22:39:29

Palabra de que iré y creo que con la imaginación que tengo me centraré en esa epoca sin ningún problema.
un saludo

trasti | 02-05-2006 13:22:17

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