Ciento treinta metros cuadrados, dos preciosas compañeras, un cachorro con pedigrí y yo.
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Miércoles, 28 de junio de 2006
Como era de esperar hoy se hablaba del partido de la selección por todos los rincones de la empresa. Hablar de un partido puede ser medianamente entretenido durante 3 o 4 minutos, después resulta tan repetitivo como levantarse por enésima vez en el día de la marmota, así que instintivamente he buscado refugio en otro tipo de conversaciones. A mi lado una compañera y un compañero hablaban sobre los problemas para escoger los cereales del desayuno de sus hijos, tema apasionante donde los haya. En fin, no siempre se puede escoger de que quieres hablar, pero cuando te apetece darle a la lengua cualquier cosa vale.
“Lo más parecido que tengo a un hijo es un perro, supongo que valdrá” pensé. Y entré de lleno en la conversación.
Compañero: Les compré una caja de esos cereales con forma de estrellitas y se la comieron sin problemas. Después compré tres más y ahora dicen que no les gusta.
Compañera: Grave error. Yo las compro de una en una porque ya me los conozco…
Yo: Pues yo le doy hasta chinchetas a mi perro, me come estupendamente. El único problema es que cuando caga la mierda se clava en el parquet y cuesta sacarla.
Compañera: Lo que va muy bien cuando te vas de excursión son esas barritas de Goldem Grahams.
Compañero: Sí, porque como lleves algo de chocolate se ponen perdidos.
Yo: No, claro, chocolate nunca, yo solo le doy cuando le veo algo deprimido.
Compañera: Jo, el otro día me dieron unos peces de colores, no sé para qué los cogí, ahora están los niños con los peces…
Yo: Yo nunca le he dado peces vivos a mi perro.
Compañera: No sé que hacer con ellos en Agosto.
Compañero: Tráelos aquí, Jose se queda en Agosto.
Yo: Nonono, a mí no me traigas peces, no quiero cadáveres en la mesa. Se los traes a él y que les dé las tres cajas de cereales que le sobran, a ver si revientan.
Compañera: Que bestia eres!!! ¿Tú nunca tuviste peces cuando eras niño?
Yo: Sí, uno, pero como no teníamos pecera mi hermano y yo lo metimos en un tubo de ensayo. El pobre solo podía nadar de arriba a abajo. Se moriría de aburrimiento.
Compañera: Que animal!!
Yo: En mi casa todos los animales domésticos han tenido una muerte trágica, es como una maldición familiar. El pato por ejemplo…
Compañero: ¿Tuvisteis un pato? ¿En un piso?
Yo: Sí, al principio era muy mono, pequeño, gracioso… pero creció y cuando desplegaba las alas resultaba un incordio, incompatible con las dimensiones del piso. Lo disecamos con las alas recogidas, así molestaba menos.
Compañera: Alaaaa, ¿y no os dio pena?
Yo: Bueno… a mi no me daba pena que muriera, aunque sí verlo morir, así que de esa tarea se encargó mi hermano. Pero como carecía de experiencia matando patos no se le ocurrió otra cosa que atarle un alambre al cuello, colgarlo en la cocina e irse a dar una vuelta. A las 3 horas volvió pero el pato seguía vivo. Con el cuello torcido pero vivo. Tuvieron que llamar a una vecina que sabía de estos temas… Le hizo un tajo en el cuello con maestría y se acabó.
Compañero: Joder…
Yo: Y luego está el pájaro que recogió mi padre. Murió decapitado por una gaviota, pobre… Este sí me dio lástima porque se estaba recuperando, ya cantaba y todo.
Compañera: ¿Alguna más???? Vaya tela…
Yo: Si no contamos las tortugas que mi madre tiraba a la basura cuando les daba por hibernar… no, ya está. Bueno… tal vez mi perra. Era mayor, 18 años, se cayó balcón abajo desde un segundo piso, aunque las malas lenguas dicen que se suicidó después de ver cómo acabaron el pez, el pato y el pájaro.
Compañera: Mejor no te traigo los peces…
Es entretenido esto de hablar de los niños. Hay que ver la de conversaciones interesantes que te puedes perder por hablar de fútbol.
Por: Jafatron | General | Comentarios (0) | Referencias (0)