Ciento treinta metros cuadrados, dos preciosas compañeras, un cachorro con pedigrí y yo.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Lunes, 03 de julio de 2006
Las personas, en contra de lo que puedan pensar algunos, no somos un producto de la generación espontánea (abiogénesis, usando un término más riguroso). Partiendo de este hecho que yo doy por cierto, es decir, que la raza humana no es el producto de un proceso natural donde la materia inerte se convierte en materia viva dando origen a la vida, descartando también cualquier hipótesis de intervención divina, se me plantean frecuentemente varias reflexiones cuando leo sobre algún periodo histórico.
Teniendo en cuenta que yo procedo de otra persona, de mi madre concretamente, con la inestimable y necesaria aportación paterna, por supuesto, y que mis padres proceden a su vez de otra persona, no la misma, claro, pues eso, además de incesto, hubiera sido tremendamente lioso para mis hermanos y yo, sus hijos, pues mis padres serían hermanos entre ellos y además de padres también nuestros tíos simultáneamente como correspondería ser a la hermana de mi padre (mi madre) y al hermano de mi madre (mi padre). En fin, la cuestión es que esta costumbre que tiene mi familia, y muchas otras más, de proceder de otras personas nos permite retroceder en el tiempo indefinidamente sin miedo a que al final de la cadena encontremos una triste piedra. Tal vez un mono; bueno, pues sí. En este caso el “menos da una piedra” se me antoja perfecto.
Este retroceder sin límite gracias a la no generación espontánea de las personas me hace pensar a menudo que en todos los momentos de trascendencia histórica, en cualquier periodo importante, trágico, relevante, etc., había parientes lejanos pululando por el mundo, e incluso puede que interviniendo en hechos destacados de la historia. Muchos parientes además, pues el árbol genealógico crece en ramas según se retrocede generacionalmente.
Y no solo eso, seguramente en mi persona confluyen finales de ramas distintas que en algún momento podrían haber estado enfrentadas en batallas, o luchando codo con codo, o vete a saber qué casualidades se podrían descubrir si supiéramos de toda la existencia de nuestra personas predecesoras.
El caso es que mi “familia” ha estado presente en cualquier periodo histórico, con más o menos presencia en los hechos, nunca lo sabremos, pero ahí estaban, sobreviviendo siempre hasta hoy. No quiero que piensen que presumo de ello, sé perfectamente que a todos ustedes les pasa exactamente igual. Les diré más, todos tenemos parientes comunes. Creo recordar, y cito de memoria con la imprecisión que esto conlleva, un estudio por el cual se cifraba en quince el máximo de generaciones que debíamos retroceder para encontrar con seguridad un pariente común entre dos personas cualesquiera de las que existimos hoy. Esto matemáticamente es de fácil demostración pues basta ir sumando parientes en progresión geométrica con factor constante de 2 (pues 2 son las personas necesarias para crear otra persona, ni más ni menos) e ir retrocediendo generaciones hasta que el árbol genealógico supere la mitad de la población mundial en determinada época. Como este árbol numérico de parientes es un valor constante para cualquier persona es fácil deducir que superada la mitad de la población mundial en el caso de dos de nosotros, alguno tiene que ser coincidente por narices. O por matemáticas.
Así pues, todos ustedes que leen ahora, máximo quince generaciones hacia atrás, tienen conmigo algún elemento familiar común, sino varios, lo cual entendería que les resulte inquietante.
En fin, no les torturo más con este rollo generacional, reflexionen ustedes si lo desean en la intimidad de sus casas. El caso es que esta reflexión, frecuente como les he dicho en mis pensamientos, deriva siempre en otra no menos inútil, que me lleva a pensar en el origen de mis apellidos, el momento de su creación. Los “Fernández” y los “Acevedo” no hemos existido siempre como tales, tuvieron su inicio en un momento concreto de la historia en el que algún elemento del árbol anteriormente mencionado tuvo a buen fin llamarse de tal modo. Contrariamente a lo expuesto al principio sobre el origen de la vida, el origen de los apellidos sí podría considerarse como generación espontánea teniendo la perspectiva histórica de la historia de la humanidad. Donde no existía nada aparece el primer “Fernández” o el primer “Acevedo”, así porque sí. Este árbol, que sigue un crecimiento invertido al generacional, pues es en la base donde se acumulan más sujetos derivados del primero, nacido mucho antes, se me presenta gráficamente como esas pirámides de copas donde la punta sería el primer elemento y el cava el apellido que se va derramando generación tras generación hasta llegar a nosotros, la base de la pirámide.
Esto, como les digo es siempre una reflexión derivada de la primera y normalmente mi limitación cerebral me impide continuar con más tonterías de estas que al final nunca me llevan a respuesta alguna. Pero sin embargo hoy he sido consciente de un hecho en el que nunca había reparado y por el cual me ha tocado, sin yo pedirlo, cargar con una gran responsabilidad.
Y es que debido a las circunstancias de la vida, a los caprichos de la creación sistemática de miembros femeninos por parte de mis familiares masculinos y al método que en nuestro país se utiliza para traspasar los apellidos de padres a hijos donde solo transmiten los varones, he sido consciente de que soy la última esperanza para que los “Fernández” de mi árbol genealógico particular perduren en el tiempo. Es decir, o tengo un niño al que traspasarle el apellido (y de paso el marrón este) o se acabó nuestra aportación de miembros a la pirámide “Fernández”. Soy la última copa de mi familia. Mi hermano dice que con dos niñas se planta así que por aquí nada. Mi padre solo tiene hermanas así que tampoco sirven mis primos. Yo y solo yo puedo salvar el apellido.
Esto es una desgracia porque “Acevedo”, mi otro apellido, hace tiempo que está condenado en mi familia. Aquí no había esperanza pues como segundo apellido no había forma de traspasarlo. Mi madre solo tiene una hermana, así que a mis primos les ha caído como segundón también y tampoco se traspasará a sus hijos, y mi abuelo por parte materna, de donde viene el apellido, solo tuvo hermanas. Cosas que pasan.
Pues ya ven ustedes la responsabilidad que tengo. Mal vamos pues mal camino llevo de momento.
Si les soy sincero de poder elegir hubiera preferido que perdurara “Acevedo”, mucho más particular que el común “Fernández”, que además tiene ciertas variantes que proceden de la misma raíz, como “Acebedo” o también “Azevedo”, todas ellas correctas y consideradas ahora diferentes apellidos. No sirve sin embargo esa otra que utiliza mi madre, sevillana de nacimiento y corazón, con seseo inconfundible de su tierra, por el cual siempre le toca puntualizar al decir su apellido:
“Asevedo con se”
Pues eso, Asevedo, generación espontánea.
Por: Jafatron | General | Comentarios (6) | Referencias (0)
Te felicito por querer preservar el noble apellido que llevamos, yo tengo dos hijas y lamento que la linea de mi aristocrata padre manuel acevedo gundián se pierda pero los geneologista siempre nos tienen presentes de alguna manera.
Atte.
Eneas Ramón Laurencio Adolfo Acevedo Gutiérrez
( Rancagua, Chile)
Eneas Ramón Acevedo Gutiérrez | 25-09-2006 19:15:26
Sabes tengo dos hijas mujeres, pero hare lo posible de convencer en el futuro cuando ellas se casen a los llernos para que los apellidos queden invertidos para poder conservar ese linaje de caballeros y lo puedan continuar los nietos. aunque el apellido no esta perdido ya que lo llevan otros primos en sus hijos, pero lo importante no es solamente llevar el apellido, sino criar a quienes los llevan como verdaderos caballeros o damas segun sea el caso con habitos nobles y cortesanos que son caracteristicos de quienes verdaderamente llevan con orgullo el peso de muchas lineas del árbol que lleva cada cual.
atte.
Eneas Ramón Laurencio Adolfo
Eneas | 29-10-2006 02:19:21
NATALIA | 05-11-2006 22:21:57
jennifer virginia | 07-07-2008 20:44:33
estefania | 26-08-2008 02:55:25
La abiogénesis no tiene nada que ver con la generación espontánea, ignorante!
Generación espontánea = Formación de vida a partir de la nada
Abiogénesis = Formación de vida a partir de la no vida.
Los componentes inorgánicos pueden tener todas las sustancias necesarias para formar vida, de hecho, las tienen. Esto está comprobado científicamente, es un hecho que ES POSIBLE formar vida a partir de la no vida.
asdasdasd | 02-06-2009 03:20:51